claudioacuna
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Roberto Kertesz es médico Psiquiatra, Rector de la Universidad de Flores y uno de los introductores del análisis transaccional en la Argentina. En uno de sus libros informa a sus lectores que antes de saber del análisis transaccional los pacientes que él atendÃa se curaban pero no sabÃa el motivo por el cual sucedÃa eso. Después de haber aprendido esa técnica, leyendo libros sobre análisis transaccional, llegó a comprender la razón por la que él curaba a sus pacientes, dando asà una base cientÃfica a su natural magia terapéutica. El tratamiento psicológico convencional, de acuerdo a este superterapeuta, era muy poco efectivo antes de la llegada del análisis transaccional. El psicoanális es extremadamente largo y poco satisfactorio para la gente que sufre verdaderamente y que necesita soluciones efectivas a sus problemas. Kertesz es partidario de aplicar, casi exclusivamente, terapia de grupo a sus clientes dado que, según este doctor, el neurótico se cura por si mismo si se le permite evolucionar en un ambiente apropiado. Este ambiente es el que él crea en sus sesiones, pero la razón principal de su inclinación por lo grupal parece ser la económica pues, con esta técnica, se puede atender a muchos pacientes simultáneamente a buen precio. La interacción individual con el terapeuta, por lo general, se reduce a una sola entrevista inicial donde el doctor le vende a su cliente distintos panfletos y cuadernillos de autoayuda. Los grupos de Kertesz se componen de un número no menor de diez integrantes y en ellos él es la única estrella que brilla con luz propia a la vista de todos. El doctor es el más piola, el que se las sabe todas, el más macho, el adivino, el que tiene la última palabra y el modelo a seguir. Una de sus frases es: "yo quiero que me tomen como modelo". Como todos los practicantes de la psicologÃa humanista se describe como un decidido partidario de no diagnosticar a sus clientes pues, considera al diagnóstico como un injusto cartel con que la antigua psiquiatrÃa condenaba a sus victimizados pacientes para siempre. El profesional define a la terapia como un simple aprendizaje donde los clientes consultan a alguien que sabe más que ellos sin tener que considerase como vÃctimas de ninguna enfermedad. La denominación de psicoterapia a lo que él hace se debe, más que nada, a una convención con la sociedad poco esclarecida que nos rodea y que no entiende de estas cosas. Por supuesto que si el paciente que llega al grupo viene con algún diagnóstico hecho por la antigua psiquiatrÃa, sus compañeros de terapia no tardarán ni treinta segundos en saber, por boca del gurú, cual es el mote que se le ha colgado al desgraciado sujeto. Si bien kertesz dice que no hay que diagnosticar a nadie se la pasa calificando a amigos y enemigos, como histéricos, psicóticos, psicopáticos, epilépticos y si esto no basta encuentra que éstos tienen en su cabeza una cosa jodida. Sus grupos son muy democráticos pero el que manda es él pues es el único capaz de dominar el tema. Esto no es por autoritarismo sino porque los pacientes reconocen quien es el que sabe y por eso vienen a él en busca de ayuda y conocimientos. El pobre loco que no esté de acuerdo que se vaya y se pierda en la obscuridad para siempre con sus maldiciones. Un referente permanente en sus grupos terapéuticos es Adolfo Hitler, cuyo nombre en todas las sesiones es mencionado dos o tres veces, a quién se tiene como sÃmbolo de la maldad, la pretensión patológica de poder y contra quién verdaderamente todos nosotros debemos luchar. Es un fenómeno pintoresco el que ocurre entre los dispensadores de la psicologÃa humanista en lo referente a los nazis y al Führer. Por un lado sienten odio y temor por el insolente y ridÃculo enano fascista que mora en el interior de todos sus potencialmente peligrosos pacientes y por el otro, una admiración secreta hacia los poderes simbólicos de ese maravillosamente terrorÃfico personaje en su esplendor. Saludos.
Claudio Acuña
danielito51
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